domingo, 29 de julio de 2007

MALTRATO INFANTIL EN LA ESCUELA

Este ensayo tiene por objetivo tocar un fenómeno que antaño fue minimizado o catalogado como un evento aislado: el maltrato infantil en la escuela; el cual sucede, según el sentido común y las costumbres, porque es necesario para enseñar o encauzar a los estudiantes hacia los buenos modales y la disciplina. Sin embargo el problema ha tomado en esta época de modernidad y globalización matices nuevos y alarmantes. Por ello, en este escrito plantearemos, en primer lugar un balance del fenómeno del maltrato infantil en la escuela; posteriormente mencionaremos una perspectiva a futuro del mismo; finalmente, algunas proposiciones para la prevención y atención. 1. Balance del problema El problema del maltrato infantil en la escuela es una extensión del fenómeno del maltrato hacia los niños y las niñas (Reforma, 16 de octubre de 2000 y Excelsior, 10 de noviembre de 2000) y constituye un problema social, internacional y multicausal, que ocurre en todas las clases o estratos sociales. Como un tipo específico de maltrato, el maltrato infantil en la escuela, afecta el desarrollo integral de los menores, específicamente en lo relativo a su desenvolvimiento personal, social y profesional. La creencia a corregir a través del maltrato es generalmente iniciada en la familia (Excelsior, 6 de octubre de 2000), y reforzada posteriormente en la escuela; en algunos casos, el maltrato en casa casi siempre repercute en el desempeño académico de los menores, lo que les acarrea consecuencias como mala conducta, bajo aprovechamiento, abandono o deserción de la escuela e inestabilidad emocional. El maltrato infantil en la escuela, generalmente se presenta cuando las expectativas escolares o académicas son superiores a los logros y adelantos del niño o niña en cualquier grado escolar; frecuentemente el profesor o profesora evalúan a la totalidad del grupo, fijando parámetros con base en un nivel de eficiencia final igual para todo el alumnado y, al no ocurrir lo esperado, la falla se atribuye sólo a los niños o niñas y se les culpa con calificativos peyorativos y/o poniéndoles etiquetas que repercuten en su autoimagen y seguridad personal. Brizzio de la Hoz realizó a principios de los noventa, una investigación en las escuelas primarias oficiales de la ciudad de Jalapa del turno matutino, en este estudio, el 40.8% de los niños y niñas recibían además castigos físicos de sus maestros, desde coscorrones, hasta golpes con objetos como borrador, vara. etc. Estos comportamientos siguen sucediendo desde hace décadas en nuestro país y no sólo se ignoran, sino incluso se aprueban y en algunas regiones se fomentan, pues se les atribuyen connotaciones positivas tales como formas de disciplina y elementos necesarios para la buena educación. Otro tipo de maltrato que también sucede al interior de las escuelas es el abuso sexual, pero por sus características, causa rechazo o repulsión dentro del ámbito escolar y en la sociedad misma. Este tipo de maltrato podríamos definirlo como: el contacto e interacción entre una gente joven —dependiente e inmadura en cuanto su desarrollo— y una persona de mayor edad que realiza con él o la menor actividades sexuales, utilizando para sus fines, la persuasión, la autoridad moral y/o la fuerza física. Fluctúa desde exhibicionismo hasta la penetración genital o anal por la fuerza. Como cualquier forma de maltrato, uno de los problemas principales del abuso sexual, es la falta de estadísticas precisas, debido al poco interés por abordar el problema dentro de la comunidad escolar y porque el secreto constituye su elemento fundamental. Los niños o niñas no hablan de esto con nadie, el miedo a que no les crean o los castiguen lo impide; no olvidemos que el sexo constituye todavía un tema tabú para la mayoría de las familias, los docentes y las escuelas. En varios estados de la República han sido denunciados a la luz pública, diversos casos de abuso sexual perpetrados por empleados, profesores, profesoras o sacerdotes (La Jornada, 24 de marzo de 2000; La Jornada, 14 de noviembre de 2000; Reforma, 9 de diciembre de 2000). Desgraciadamente el personal directivo que labora en estos centros o instituciones no siempre ha hecho un buen papel para enfrentar los casos, ya que incluso se ha manejado en algunos medios de comunicación, su debilidad y/o complicidad delictiva. Generalmente existe miedo para abordar el tema y dado que este problema afecta a todas las clases o estratos sociales, también existen casos de profesores y personal que labora en las escuelas, que han sufrido en su niñez esta experiencia y prefieren hacer caso omiso al tema para no tocar su propio dolor. El problema en México tiene ahora matices alarmantes. Por lo menos un caso ha salido a la luz pública, donde el maltrato sexual no solamente sucedió al interior del centro escolar, sino que además se presume que estuvo directamente conectado con pornografía infantil. Sin pretender salirnos del tema en cuestión queremos tan solo mencionar que la pornografía infantil constituye uno de los delitos sexuales más graves en el ámbito mundial que atenta contra la integridad y salud mental de las víctimas (Excelsior, 15 de agosto de 2000). Y aunque es un problema poco abordado por la mayoría de las organizaciones e investigadores de nuestro país, constituye uno de los géneros más penalizados en el mundo y en contra parte, también es uno de los negocios sucios más productivos; con ganancias de millones de dólares; las bandas organizadas que manejan y comercializan estos ilícitos, generalmente tienen nexos con el narcotráfico y con negocios en prostitución Específicamente en México, alrededor de 4.600 niños son explotados sexualmente en tan solo seis ciudades del país: Acapulco, Tijuana, Tapachula, Ciudad Juárez, Cancún y Guadalajara (La jornada, 3 de noviembre de 2000). Sin embargo esta cifra, no refleja más que la punta del iceberg. Actualmente nuevos y cada vez más fenómenos de violencia en las escuelas públicas —e incluso de muertes a niños y niñas—, están siendo dados a conocer a través de los medios de comunicación mundiales. Lo que ha causado impacto o asombro de estos hechos de violencia, es que han sido perpetrados por los mismos alumnos y, en algunos casos, por personas jóvenes internas o externas a los planteles. Sus causas obedecen a razones de índole macroestructural, tales como el mismo proceso de modernidad, la inmigración, el racismo, el sexismo, la pobreza o las diferencias religiosas (La Jornada, 1 de junio de 2000; La Jornada, 2 de junio de 2000; Reforma, 29 de agosto de 2000; Reforma, 12 de octubre de 2000 y Reforma, 18 de diciembre de 2000). Aún en estos últimos casos, las causas del maltrato tienen la misma esencia de todos los tipos de maltrato; el sujeto o grupo maltratado u oprimido, lo es, porque su comportamiento, su acción o su propia persona, es diferente al grupo, raza, religión, clase o género dominante; la edad y la fuerza física, también se incluyen. Ser niño o niña dentro de un mundo hecho por y para la gente grande, constituye una diferencia desigual, que termina casi siempre en maltrato y a veces en muerte.